domingo, 30 de noviembre de 2014

PLANTAMOS LENTEJAS

El experimento de plantar lentejas es algo muy sencillo de hacer en clase y permite situar al alumno ante un trabajo científico. (Ya hemos hecho trabajos similares en otros cursos)
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Normalmente nos limitamos a leer y explicar las cuestiones que aparecen en el libro de texto pero no cabe duda que lo que se hace permanece por más tiempo en nuestra memoria. Este experimento permite avanzar hipótesis, comprobar las que se confirman y las que no, elaborar conclusiones, poner en común esas conclusiones, debatir, trabajar en equipo, etc.

Estamos estudiando la reproducción de los seres vivos, animales y plantas,  y para completar el apartado de la germinación de las semillas, vamos a plantar lentejas.

Cada equipo lo hará de una manera diferente para poder observar qué es lo que ocurre: El equipo 1 coloca las lentejas sin algodón y sin agua; el equipo 2, las coloca con algodón pero sin agua; el equipo 3 utiliza algodón y agua; el equipo 4 coloca las lentejas en tierra y les echa agua; el 5 repite y coloca algodón y agua, y el equipo 6 pone las lentejas con algodón y agua, pero dentro del armario, es decir, sin luz.

A lo largo de la semana se observa lo que ocurre con cada experimento y se comenta en clase. Cada equipo coge su experimento, lo observa y lo comenta en voz alta. Al cabo de dos semanas cada equipo anota en su Cuaderno de Campo las variables utilizadas y las conclusiones de su trabajo.


“El viernes, día 24-10-2014 plantamos lentejas. Cada equipo hizo un experimento diferente para ver qué ocurría:
  • Equipo 1: Lentejas sin algodón y sin agua.
  • Equipo 2: Lentejas con algodón y sin agua.
  • Equipo 3: Lentejas con algodón y con agua.
  • Equipo 4: Lentejas con tierra y agua.
  • Equipo 5: Lentejas con algodón y con agua.
  • Equipo 6: Lentejas con algodón y con agua (pero sin luz)
Mi equipo es el número 2 y no ha crecido nada porque no tiene humedad, no tiene agua. Las lentejas siguen como las dejamos el viernes, tienen algodón pero no crece".

jueves, 27 de noviembre de 2014

LA LOMBRIZ DE TIERRA

Un niño ha traído al colegio una lombriz y la hemos llevado al laboratorio. La profesora encargada, Ángela, la ha metido en un terrario con tierra fértil húmeda para que la vean todas las clases.

Nosotros hemos bajado a estudiarla. Hacemos un dibujo y el profesor explica algunas cosas pero, como no sabemos mucho, quedamos en buscar información en Internet.

Al día siguiente hacemos una puesta en común con la información que habíamos recogido y cada alumno escribe en su Cuaderno de Campo, siguiendo el esquema que acordamos para estudiar un animal: Descripción, familia, comida y curiosidades.

El primer apartado lo hacemos común para todos los alumnos (el profesor lo dicta y los alumnos escriben en el cuaderno), después cada alumno redacta por su cuenta lo que se ha dicho en la puesta en común de toda la clase.

Este es el trabajo de Iván:


CÒMO ES: La lombriz es alargada y delgada. Mide 20 cm de largo, aproximadamente y es delgada como mi dedo meñique. Tiene color marrón. Tiene cabeza en uno de los extremos y una especie de bulto. Tiene boca, pero no ojos y su cuerpo está formado por anillos.

CLASE: La lombriz es invertebrado porque no tiene huesos. Es ovíparo porque se reproduce a través de huevos. La lombriz es hermafrodita porque tiene los dos órganos reproductores, el masculino y el femenino.

COMIDA: La lombriz come hojas y raíces en  descomposición. Traga la tierra y lo que no le sirve lo expulsa por el ano.

CURIOSIDADES: No tiene ojos pero se orienta por la luz. Es hermafrodita. Hay una lombriz que se llama tenia o solitaria que es un parásito de los humanos y que vive en el intestino. 

sábado, 22 de noviembre de 2014

INÉS Y LA ALEGRÍA

"Inés y la alegría" fue el primer libro con la que Almudena Grandes inauguró la serie "Episodios de una guerra interminable", a la que también pertenecen "El lector de Julio Verne" y el más reciente "Las tres bodas de Manolita". 
"Inés y la alegría" ha recibido el Premio de la Crítica de Madrid, El Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska y el Premio Sor Juana Inés de la Cruz. Cuenta un hecho histórico que no estudiábamos en la facultad de historia y que ha querido ser ignorado por el franquismo y también por la democracia española. Europa, que tan ufana está celebrando el aniversario de la Segunda Guerra Mundial, también tiene mucho interés para que este episodio histórico caiga en el olvido.
Almudena Grandes acaba de publicar en EP del 2 de noviembre de 2014 un artículo titulado "Hace setenta años" que rememora la invasión del valle de Arán en 1944 por parte de tropas republicanas asentadas en el sur de Francia y que hubiera podido cambiar la historia reciente de España.
Reproducimos a continuación dicho artículo:
Eran 4.000 españoles, excombatientes del Ejército Popular de la II República que, tras la derrota y el exilio, se incorporaron a las tropas aliadas que combatían la ocupación alemana de Francia. En el verano de 1944 habían contribuido –en algunas regiones del Sur, muy decisivamente– a la derrota de los nazis y su expulsión del suelo francés, pero allí no había acabado su historia. Ellos habían luchado en Francia, pero no por Francia. Habían vencido en Francia sólo para tener una oportunidad de volver a luchar en España. Para volver a luchar por España.
Eran 4.000 hombres, y en octubre de 1944 empezaron a cruzar los Pirineos por todos los pasos fronterizos, en pequeños grupos. Estas maniobras de distracción, destinadas a desconcertar y dispersar a los destacamentos que guarecían las fronteras, tuvieron tanto éxito que el 19 de octubre, el grueso de las tropas penetró sin oposición alguna en el valle de Arán. El ejército de la Unión Nacional Española, pues ése era su nombre, izó banderas tricolores en todos los pueblos del valle y se dispuso a esperar.
Ése era su objetivo. El plan ideado por Jesús Monzón, secretario general del Partido Comunista de España en el exilio francés primero, en la clandestinidad en el interior después, consistía sólo en eso. Ocupar un pequeño territorio, a un paso de la Francia recién liberada, y resistir el tiempo necesario para provocar una invasión aliada de la España franquista. El valle de Arán, una rareza de la geografía política, estaba aislado por los Pirineos de España, no de Francia, y la nieve lo mantenía aislado del resto del territorio nacional durante el invierno excepto por un paso muy fácil de defender. Instalar un Gobierno republicano provisional en Viella provocaría la acumulación de tropas franquistas en el borde mismo de la frontera francesa, un riesgo que los Aliados no se podrían permitir. Eso era lo que pensaba Jesús Monzón. En eso se equivocó, porque él, como el resto de los republicanos españoles, no podía concebir que los Aliados escogieran apoyar a Franco antes que a su oposición democrática.
Después, durante décadas, se esgrimieron toda clase de argumentos para maquillar esa amarga verdad. Todos dijeron que los invasores estaban locos, que habían sido unos ingenuos, que estaban manipulados, que la operación fue una chapuza, una estupidez, una ocurrencia, que les había faltado valor, que les había faltado inteligencia, que les había faltado sentido de la oportunidad histórica. Por una vez, los enemigos más irreconciliables se pusieron de acuerdo para insultarles, y los franquistas se rieron de ellos en público para ocultar que no habían sido capaces de pararlos, los dirigentes del PCE se apresuraron a quitarles importancia porque la operación no se les había ocurrido a ellos, y los Aliados ni siquiera los mencionaron, para que nadie pudiera reprocharles la verdad, que los habían traicionado, que los habían dejado tirados, que después de haberlos tenido en sus propias filas, luchando hombro con hombro contra los nazis, habían preferido apoyar a un dictador fascista y considerar que la invasión era un asunto interno de España.
Así, entre todos enterraron la invasión del valle de Arán, condenaron primero a la ignominia, luego al olvido, a esos 4.000 hombres que, hace ahora setenta años, se jugaron la vida por la democracia de su país, que es el nuestro. Y este verano, mientras en toda Europa, en todo el mundo, se celebraba el 70º aniversario del final de la II Guerra Mundial con palabras calientes de amor y admiración por los demócratas que derrotaron al fascismo, y se engalanaban las calles, las plazas de medio mundo, para recitar largas listas de nombres de héroes, como un inmortal tributo de gratitud a los campeones del antifascismo, la democracia española se puso de perfil, tan al margen como había estado la dictadura franquista en 1944, como si aquí nadie hubiera luchado nunca contra el fascismo.
Hace muy poco, entre el 19 y el 27 de octubre de 2014, se ha cumplido el 70º aniversario de la invasión del valle de Arán, y el Estado español no se ha acordado. La democracia española no ha tenido el menor gesto, ni un acto, ni un homenaje, ni una sola palabra de gratitud para aquéllos que pretendieron implantarla hace setenta años, ahorrándole a este país cuatro décadas de una sangrienta dictadura.
Es como si no hubiera pasado nada, y sin embargo pasó.
Yo lo recuerdo, les recuerdo, y agradezco su ejemplo, su generosidad, su coraje.

martes, 18 de noviembre de 2014

SANTA CRISTINA DE LENA



Santa Cristina aparece situada en lo alto de un cerro y rodeada de una vegetación exuberante. No hay datos exactos de su construcción pero por su parecido con las edificaciones del Naranco se data en la segunda mitad del siglo IX. 






Es una iglesia de reducidas dimensiones y su planta no es la basilical tradicional del prerrománico asturiano sino un solo espacio rectangular cubierto con bóveda de cañón. 






Esta nave rectangular tiene adosadas salas cuadrangulares en cada lado: un ábside, en la parte oriental; un pórtico, en la occidental, y dos salas de menor altura en lados laterales (la del lado sur construida en el siglo XIX).

Externamente destaca el volumen central porque es más ancho y más alto y llaman la atención las parejas de contrafuertes que se repiten en cada cara de la construcción. 



El acceso se realiza por un pórtico situado hacia occidente, con un arco de medio punto que tiene bancos a ambos lados y cámaras en el interior (como en El Conventín).







En la cabecera y en la pared norte, aparece una sencilla ventana trifora, sobre cuatro columnillas.




El interior de la iglesia destaca por las dos alturas del suelo, de manera que el presbiterio (altar) está más alto y protegido por una doble arquería (iconostasio) que separa a los sacerdotes de los fieles. 


La cubierta es de bóveda de cañón construida con toba, que apoya en arcos fajones que se refuerzan con contrafuertes en el exterior. 






Las paredes laterales aparecen decoradas con arcos ciegos de medio punto que apoyan en columnas adosadas. 







En la pared oriental, detrás del iconostasio los arcos ciegos continúan y se apoyan en columnas sogueadas y capiteles troncopiramidales.




Frente al presbiterio destaca la tribuna donde se colocaban los reyes, que apoya en un gran arco de medio punto y bajo la cual se sitúan las dos cámaras del pórtico, comentadas. Se sube a la tribuna por medio de una escalera situada en la pared norte del templo. 


Las salas laterales también están cubiertas por bóvedas de cañón, perpendiculares a la principal, y a ellas se accede a través de arcos de medio punto.

Mención aparte merece el iconostasio. Se trata de la separación entre el presbiterio y la nave y está formado por tres arcos dobles de medio punto, adornados con celosías y que se apoyan en columnas de mármol y capiteles corintios. El altar está a un nivel superior del resto de la nave y se accede a él a través de escaleras adosadas a los muros.




Bajo el arco central se encuentra el cancel, que es un mural de piedra formado por dos placas cuadrangulares situadas a los lados y una placa central de forma rectangular; las placas laterales tienen una inscripción en la parte superior. 


En conjunto nos encontramos con cinco bloques verticales decorados con dibujos geométricos, cruces patadas, pámpanos, etc. Estas piezas y las celosías de los arcos parece que proceden de un templo visigodo del siglo VII.




Regresamos a la antigua estación de La Cobertoria, hoy convertida en un aula de interpretación del arte prerrománico asturiano, bajando por la "caleya" por la que habíamos subido.

sábado, 15 de noviembre de 2014

DÉJAME CONTARTE UN CUENTO


"Déjame contarte un cuento" es el título de un artículo aparecido en EP de ayer, 14-11-14, trata de la importancia de los cuentos en la infancia y la protagonista nos dice: "Para lograr un cambio, busca algo pequeño y concéntrate en hacerlo bien". Podéis leerlo en este enlace.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

LA MALICIOSA DESDE LA BARRANCA



Habíamos hecho esta senda en varias ocasiones, pero siempre en verano. Ahora nos hemos encontrado con nieve y frío en la parte de arriba y mucha niebla (apenas hemos visto la Bola del Mundo).

En el aparcamiento de la Barranca, junto al hotel, la cota es de 1350 metros; en la Fuente de la Campanilla, de 1650; en el Collado del Piornal, de 2070 y en La Maliciosa, de 2227. Es decir, hay un desnivel de 877 metros, que se nota sobre todo cuando estamos llegando al Collado del Piornal.

En la parte del valle predomina el pino silvestre, con el matorral asociado (rosal silvestre, zarzamora, jara estepa y retama, en las zonas secas, y helecho y brezo, en las húmedas).  A partir del Collado del Piornal la vegetación se reduce al piorno.

Hemos empezado a caminar a las 10:30 y hemos terminado a las 15:00. Tardamos 2,15 horas en subir y 1,45 horas en bajar, con un descanso de 30 minutos. En total 4,30 horas.

domingo, 9 de noviembre de 2014

SAN PEDRO DE LA NAVE


Daniel en el foso de los leones. Este es uno de los capiteles que se puede apreciar en la iglesia de San Pedro de la Nave, en el Campillo (Zamora). Nosotros intentamos visitarla en el puente de los Santos pero estaba cerrada por obras... 

En este artículo de EP ("Luces led para el arte visigótico") se explica la restauración que se está llevando a cabo y cómo quedará en el futuro. También podemos ver una fotogalería en este enlace.

A pesar de todo, en el viaje pudimos disfrutar del románico de Zamora y de los Arribes del Duero (desde un crucero en Miranda do Douro y desde el Centro de Interpretación de Fermoselle).